La India: de colonia empobrecida a potencia tecnológica
Artículo basado en el libro: "2100: Una historia del futuro" de Borja Fernández Zurrón.
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Una de las primeras civilizaciones del mundo, junto a Egipto y Mesopotamia, fue la civilización del Valle del Indo, uno de los ríos más grandes de Asia que nace en el Tíbet y, tras recorrer parte de la India y Pakistán de norte a sur, desemboca en el mar Arábigo. Este río otorga el nombre tanto al país como al término “hindú”, por lo que es uno de los ejes vertebradores de esta cultura milenaria. En el periodo comprendido entre el año 2600 a. C. y 1900 a. C., las primeras ciudades planificadas fueron construidas en el valle del río; ciudades como Mohenjo-daro y Harappa fueron erguidas con sistemas avanzados de alcantarillado y urbanismo, centradas en una economía basada en el comercio y la agricultura. Sin embargo, con el paso del tiempo estas ciudades fueron desapareciendo, muy probablemente debido a cambios climáticos y el desplazamiento de sus poblaciones. Tras la llegada de los pueblos indoeuropeos, se compusieron los Vedas, los textos fundamentales del hinduismo, dando origen al periodo Védico (1500-500 a. C.). Es en este momento cuando se desarrolló el sánscrito o se formaron los primeros sistemas de castas cuyos vestigios se han propagado hasta nuestros días. Tras la aparición de las bases del hinduismo clásico, llegaron los Grandes Imperios antiguos como el Imperio Maurya (322-185 a. C.) en el que se empezó a instaurar una administración centralizada y se adoptó el budismo, o el Imperio Gupta (320-550 d. C), considerada una “edad de oro” cultural y donde se obtuvo un gran desarrollo de las matemáticas, el arte y la literatura. Posteriormente vino el periodo de los Reinos Medievales como el Sultanato de Delhi (1206-1526 d. C.), que sufrió una enorme influencia del islam proveniente de los invasores de Asia Central, o el Imperio Mogol (1526-1857) cuyo máximo esplendor llegó de la mano de Akbar, quien promovió una cierta tolerancia religiosa y, más tarde, de la mano de Shah Jahan, constructor del Taj Mahal. En esos tiempos la India era un centro global del comercio y la cultura, y una de las economías más grandes del mundo. Con territorios muy fértiles, muchos habitantes y una posición geográfica inmejorable ya que se encontraba en el centro de una de las mayores rutas comerciales del mundo, la que conectaba Asia Oriental con Oriente Medio, África, y Europa. Sin embargo, tras este periodo vino la decadencia del subcontinente indio.
La historia de la India actual empieza a principios del siglo XIX, cuando el país se organizaba en un montón de reinos que peleaban entre sí. En uno de estos reinos ocurrió una rebelión, y los rebeldes no tuvieron una mejor idea que pedir ayuda a la Compañía Británica de las Indias Orientales, que finalmente se hizo con el control de toda la zona, monopolizó el comercio y comenzó a gobernar en nombre del Imperio británico. Mediante sobornos y guerras, los británicos fueron comprando a todos y cada uno de los líderes locales hasta que, tras una rebelión en el año 1857, la corona británica asumió directamente el control del territorio, formando el Raj británico, compuesto por las actuales India, Pakistán, Bangladesh y Myanmar (Birmania). Como ocurrió en muchas otras regiones colonizadas, los colonos británicos no invirtieron nada en la industrialización del Raj, no lo necesitaban, ya que tenían ejércitos de mano de obra semiesclava. No obstante, con el avance de la industrialización, las máquinas empezaron a sustituir a estas hordas de trabajadores de forma más eficiente, provocando que la India se fuese quedando cada vez más rezagada con un producción de bienes insuficiente para su enorme población que, además, no paraba de crecer. La pobreza se fue extendiendo por la India, desencadenando protestas contra el dominio inglés por todo el país. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, las protestas se intensificaron, ya que la paupérrima industria india dirigía todos sus objetivos hacia el esfuerzo bélico británico. De la mano de Gandhi, las protestas de corte pacífico se expandieron sin frenos por toda la zona, lo que culminó con la independencia de la India en 1947. Con al menos 22 idiomas hablados por más de medio millón de personas, la nación recién nacida se enfrentaba a una diversidad brutal, por lo que no resultó extraño que pronto Pakistán y Bangladesh se acabaran independizando, puesto que hindúes y musulmanes no se podían ni ver.


Mapa físico de la India (Fuente: Wikipedia)
La elevada población y la necesidad de industrialización de la India, hizo que la nación se fijara en el modelo adoptado por la URSS, el único precedente histórico de rápida industrialización con elevada población del mundo. No obstante, el gobierno indio no fue tan lejos, ya que no nacionalizó toda la economía, sino solo las industrias estratégicas como la energía, la minería, la siderurgia, la defensa y el transporte. En los países menos desarrollados, la corrupción y el enchufismo campan a sus anchas en las empresas estatales, y eso fue lo que le ocurrió a la India. Además, los puestos más cualificados de la economía habían sido ocupados por británicos, por lo que los dirigentes competentes para gestionar las industrias gubernamentales brillaban por su ausencia. Por otro lado, las empresas privadas también sufrieron de la falta de competencia característica de un país proteccionista. Como a la India le bastaba con satisfacer su demanda interna para industrializarse, el gobierno decidió establecer una serie de aranceles y otras medidas proteccionistas a los productos extranjeros, de modo que la industria nacional se quedó sin incentivos para la innovación, ya que no tenía empresas con las que competir. Asimismo, estas medidas económicas desincentivaron la inversión extranjera, de modo que el país entró en un círculo vicioso en el que la economía se volvía cada vez más ineficiente. Sin embargo, para la década de los 70, la India vivió su renacer.
Debido a las presiones de EE.UU., el gobierno de la India dejó de intervenir tanto en su economía dando un giro hacia el capitalismo más salvaje. Se privatizaron empresas, se redujo la burocracia y se facilitó la entrada a los negocios extranjeros (sobre todo estadounidenses). Las fábricas norteamericanas se empezaron a deslocalizar a la región, comenzando a producir a precios ridículos en comparación con la producción nacional. Además esta “apertura dirigida” permitió la obtención de generosas ayudas económicas por parte del Tío Sam, por no hablar del enorme flujo de mano de obra cualificada que inundó la nación. Esto provocó que la economía creciera y, para los años 70, apenas se moría gente de hambre, pero la pobreza seguía siendo una epidemia. Aunque la apertura económica y la reducción del proteccionismo auguraban un crecimiento sin parangón, no todos estaban de acuerdo con las medidas. La élite de la sociedad, que ostentaba los puestos más altos en las empresas públicas y en las privadas amparadas por el proteccionismo del Gobierno, no estaban dispuestas a cambiar de modelo y dejar de ser los beneficiarios de la situación. Las acciones de estas élites han conseguido que se mantenga una corrupción gigantesca, aranceles a determinados productos, una burocracia desmedida, incluso aduanas internas entre determinadas regiones del país. De hecho, en el año 2015, la India se situaba en el puesto número 142 de 190 en la lista de economías donde es más fácil hacer negocios según el ranking “Doing Business”. Sin embargo, parece que las cosas están cambiando.
Para el año 2020, la India había escalado hasta al puesto 63 del ranking mencionado. Su economía sigue creciendo a un 6% anual y se ha multiplicado por 7 desde el año 2000. Y es que la India lleva muchos años haciendo una enorme apuesta por su sector tecnológico. Si nos fijamos en algunos de los CEO de las grandes compañías tecnológicas mundiales como Microsoft, Google o Adobe, nos daremos cuenta rápidamente de que son indios. La India lleva desde la década de los 80 centrando sus esfuerzos en formar a una gran cantidad de informáticos y de empleados del sector IT, financiando un gran número de universidades y centros tecnológicos. Si algo sacaron en positivo de la colonización británica, es que la mayoría de indios habla inglés, y si a esto le sumamos que la intervención estadounidense permitió formar a los mejores indios en las universidades norteamericanas, la India se ha convertido en un auténtica fábrica de ingenieros que proporcionan una mano de obra muy barata a las empresas tecnológicas de todo el mundo. La industria IT representa ya el 8% del PIB nacional y unos ingresos de 194.000 millones de dólares al año, siendo 150.000 de estos millones directamente exportados. El sector emplea a unos 4,5 millones de personas y no para de crecer año tras año. Todos los jóvenes indios sueñan con trabajar en el sector, lo cual, junto a que las tasas de alfabetización de la India no paran de crecer, va a permitir a la India convertirse en un reservorio de mano de obra cualificada, posicionando a la nación en la mesa de las superpotencias mundiales.


Evolución del mercado de la industria IT en la India (Fuente: IBEF)
Otro de los sectores donde la India se ha convertido en una potencia mundial es el farmacéutico. Conocida como “la farmacia del mundo”, el país es uno de los mayores productores de medicamentos genéricos del planeta, abasteciendo a más de 150 países. Se estima que alrededor del 20% de los medicamentos genéricos que se consumen a nivel global se fabrican en la India, incluyendo una parte muy significativa de las vacunas y tratamientos distribuidos por organismos internacionales. Gracias a sus bajos costes de producción, su potente industria química y su abundante mano de obra cualificada, la India ha logrado posicionarse como un actor clave en el acceso global a medicamentos asequibles, especialmente en países en vías de desarrollo. Durante la pandemia de la COVID-19, esta capacidad productiva quedó especialmente patente, consolidando su papel estratégico en la salud global.
La historia de la India es la historia de un gigante que ha atravesado ciclos de esplendor, decadencia, colonización y resurgimiento. Desde las ciudades planificadas del Valle del Indo hasta convertirse en una potencia tecnológica y farmacéutica del siglo XXI, el país ha demostrado una capacidad de adaptación extraordinaria. Aún enfrenta enormes desafíos (desigualdad, burocracia, tensiones religiosas y corrupción), pero su demografía, su capital humano y su creciente peso económico la sitúan como uno de los actores más relevantes del futuro global. Si el siglo XIX fue europeo y el XX estadounidense, todo apunta a que el XXI tendrá un fuerte acento asiático, y la India será uno de sus protagonistas indiscutibles.
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