La Conferencia de Bandung y el sueño del Tercer Mundo: La unión de los pueblos colonizados
Artículo basado en el libro: "Las Naciones Oscuras: Otra historia del Tercer Mundo" de Vijay Prashad.
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Tercer Mundo. ¿Qué te evocan estas palabras? ¿Pobreza? ¿Miseria? O tal vez lo relaciones con determinadas zonas del orbe como África, algunos países de Asia o América Latina. Pero lo cierto es que el Tercer Mundo no fue un lugar, sino un proyecto. De los escombros de la Segunda Guerra Mundial surgió una guerra fría bipolar que amenazaba la existencia misma de la humanidad. La capacidad destructiva de las armas nucleares de las dos grandes potencias ponía en peligro incluso a quienes no vivían bajo el paraguas estadounidense ni el soviético. Si el Primer Mundo estaba representado por EE.UU., sus intereses capitalistas y los países que orbitaban entorno a él (como Europa Occidental) y el Segundo Mundo estaba representado por la Unión Soviética, sus intereses socialistas y los países que orbitaban entorno a ella (como Europa del Este), el Tercer Mundo representó un conglomerado de países con diversos intereses y dos tercios de la población mundial que acababan de obtener la independencia de sus dominadores coloniales o iban en camino de hacerlo. Atrapados entre los dos bloques del Primer y Segundo Mundo, las naciones denominadas oscuras se congregaron en torno al Tercer Mundo. Este proyecto fue encabezado por una serie de personalidades que arremetían con vehemencia contra el colonialismo y exigían igualdad política a nivel mundial. La principal institución que emplearon para conseguir tales aspiraciones fue la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Las Asambleas Generales de la ONU fueron empleadas como una palestra pública donde estas naciones no alineadas con ninguna de las dos grandes potencias, podían reivindicar la redistribución de los recursos mundiales, una tasa de retorno más digna para el factor trabajo de su población y un reconocimiento común de su legado científico, tecnológico y cultural.
La idea del Tercer Mundo ilusionó a millones de personas y engendró varios héroes como los tres grandes titanes Nasser (Egipto), Nehru (India) y Sukarno (Indonesia), así como otros de menor talla como Ho Chi Minh (Vietnam) o Nelson Mandela (Sudáfrica). El proyecto del Tercer Mundo fue el nexo de unión para tan desacordes personas; sin embargo, este proyecto traía consigo un defecto de fábrica. La lucha contra las fuerzas coloniales mantuvo una aparente unidad entre una gran diversidad de partidos políticos y clases sociales. Varias de estas facciones de diversas ideologías que gozaban de gran popularidad, obtuvieron la libertad para sus nuevas naciones y, seguidamente, conquistaron el poder. Pero una vez en él, la unidad tan necesaria para alcanzar la ansiada independencia colonial, pasó a convertirse en un lastre. Las clases obreras y los campesinados de muchas de estas naciones habían establecido alianzas con los terratenientes y las élites industriales emergentes, sin darse cuenta de que, con la independencia, los proyectos de Estado de ambas partes mostraban intereses contrapuestos. Esto hizo que, para 1970, cuando las “nuevas naciones” habían dejado de ser tan nuevas, los fallos y fracasos se multiplicaran. La demanda popular de tierras, pan y paz, había sido sistemáticamente ignorada en beneficio de las necesidades de las clases dominantes. Esto desencadenó una serie de guerras intestinas que junto a la incapacidad de controlar los precios de los productos básicos y el fracaso a la hora de superar la asfixia del capital financiero (entre otros factores) desembocaron en una crisis presupuestaria que se extendió por buena parte del Tercer Mundo. La banca comercial sólo concedía préstamos a condición de que los Estados receptores accedieran a implantar paquetes de “ajustes estructurales” o de austeridad impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. De esta forma, desapareció la capacidad de los Estados para actuar en beneficio de la población, el fin de la reivindicación de un nuevo orden económico y una retractación de los objetivos finales que había presentado la mayoría de los países en su proceso de independencia. Las clases dominantes que antaño habían ligado su suerte a estos programas para alcanzar el poder, se desvincularon de ellos. El patriotismo de la balanza de resultados se impuso a la solidaridad social. De este modo, los nacionalismos culturales, la religión fundamentalista, la raza y las manifestaciones tradicionales de poder de clase emergieron con fuerza entre los restos del naufragio del proyecto tercermundista.


De izquierda a derecha, Zhou Enlai (China), Sukarno (Indonesia) y Nasser (Egipto) en la conferencia de Bandung (Fuente: Wikipedia)
A pesar de las confrontaciones en el seno de las naciones oscuras y de las barbaries del colonialismo, muchas voces dentro del Primer y Segundo Mundo se alzaron para reivindicar los derechos y las libertades del Tercer Mundo. De hecho, una de estas voces, la de Alfred Sauvy, fue la responsable de la división de nuestras sociedades en Tres Mundos distintos. Sin embargo, a pesar de los obstáculos a los que se enfrentaban las naciones oscuras (arriba expuestos someramente) en su interior, de cara al exterior, estos países empezaron a unir sus fuerzas para reivindicar su importancia en el mundo. Curiosamente, la primera ciudad en la que se celebró una reunión entre los delegados de las naciones del Tercer Mundo, no se realizó en ninguno de esos países, sino que se llevó a cabo en un país del Primer Mundo, más concretamente, en Bruselas, Bélgica. Puede que debido a la vergüenza que sentían los belgas respecto a las barbaridades cometidas por su rey, Leopoldo II, en el Congo, estos ciudadanos europeos accedieron a permitir una reunión semejante en el seno de su capital. Pero en este artículo no nos centraremos en esa primera reunión realizada en febrero de 1927, donde representantes de diversas organizaciones venidos de todas las partes del planeta celebraron esa primera conferencia de la Liga contra el Imperialismo. En este artículo analizaremos la primera conferencia en la que estas organizaciones se reunieron en territorio del Tercer Mundo, concretamente, en Bandung, Indonesia. Pero antes, observemos un poco de la historia de este país.
En 1955, la isla de Java (Indonesia) había quedado marcada no solo por 300 años de herencia colonial, sino también por su reciente lucha anticolonial. En esta isla donde abundaban las plantaciones de café, té y quinina, productos que fueron los principales generadores de riqueza para las arcas de los colonizadores holandeses, se encuentra la localidad de Bandung, la Ciudad de las Flores. En 1940, los trabajadores y campesinos de la comarca se alzaron en lucha junto a los “pemuda”, los miembros de las juventudes activistas. En 1946, cuando parecía que los británicos que habían sustituido a los holandeses tras la ocupación japonesa, no concederían la independencia a los indonesios, medio millón de habitantes de Bandung abandonaron la ciudad en masa, al tiempo que prendían fuego a los almacenes, las casas y las dependencias gubernamentales. Para 1955, la ciudad había sido repoblada de nuevo, aunque en este caso, por inmigrantes pobres que habían sido desplazados de sus antiguos hogares por una rebelión liderada por el Darul Islam, una fuerza anticolonial comprometida con la causa de crear una república islámica en Indonesia (y que se extinguió en 1960 por el escaso éxito cosechado). A pesar de que la ciudad seguía muy marcada por el incendio, el gobierno de Indonesia eligió la ciudad como sede para un encuentro de 29 representantes de naciones asiáticas y africanas recientemente soberanas. Aunque el concepto de Sauvy del Tercer Mundo no se creó de la nada, este encuentro de 1955 sirvió para manifestar las tendencias y las condiciones sociales relativamente comunes que estos Estados habían producido. Del mismo modo, la Conferencia de Bandung, representó la culminación del proceso que se había iniciado en la reunión de la Liga contra el Imperialismo celebrada en Bruselas en 1927. De hecho, el colonialismo propiamente dicho, fue mermando su fuerza entre ambas reuniones. La India y Pakistán lograron la soberanía sobre su propia tierra en 1947, Indonesia y Vietnam en 1945, Filipinas en 1946, Birmania (Myanmar), Ceilán (Sri Lanka), Corea y Malasia en 1948, China en 1949, Ghana en 1951, Libia en 1957 y Sudán en 1956. Estos países, junto a otros que habían logrado la independencia anteriormente, fueron precisamente los países que se reunieron en Bandung. Poco era lo que unía a aquellas naciones salvo su historia colonial y anticolonial común.


Miembros de algunas delegaciones del Tercer Mundo en la Conferencia de Bandung de 1955 (Fuente: El inconformista digital)
El presidente de Indonesia en ese momento y, el primero en la historia postcolonial del país, era Ahmed Sukarno. Si había logrado un Estado nacional de Indonesia, ¿por qué no una unidad transnacional con las naciones convocadas en Bandung? se preguntaba Sukarno. “El conflicto no nace de la variedad en el color de la piel ni de la diversidad de religiones sino de la variedad de deseos” proclamó Sukarno en la Conferencia de Bandung. Una unidad de deseo forjada a partir de una lucha organizada en una plataforma común podría minar las diferencias sociales entre tan diversas naciones. “Estamos unidos por nuestra común aversión al colonialismo en cualquiera de sus formas. Estamos unidos por nuestra común aversión al racismo. Y estamos unidos por nuestra común determinación a preservar y estabilizar la paz en el mundo”, continuó Sukarno estableciendo los elementos de la unidad del Tercer Mundo. Por lo tanto, la unidad de las naciones oscuras se engendró a partir de su política contraria al colonialismo y al imperialismo, y no de ningún rasgo cultural o racial compartido. Si alguien luchaba contra el colonialismo, entonces era aceptado en el Tercer Mundo. Esta postura hizo que Sukarno acogiera a una gran diversidad ideológica en Bandung, ya fueran de izquierdas (China), de centro (India y Birmania) o de derechas (Turquía y Filipinas). Aunque Sukarno argumentó que la fase normal del colonialismo había llegado a su fin, el imperialismo había mutado en “ropajes modernos de control económico e intelectual” como lo describió el político indonesio. Pero, ¿qué podía hacer el Tercer Mundo ante los dos primeros?, ¿qué le quedaba en un planeta donde la bomba atómica y el dólar determinaban el curso de la historia humana? “Podemos inyectar la voz de la razón en asuntos internacionales. Podemos movilizar toda la fortaleza espiritual, moral y política de Asia y África del lado de la paz”. Estas declaraciones de Sukarno en Bandung, se convirtieron en el discurso más recordado del encuentro de las naciones oscuras.
Sukarno nació en 1901 en el seno de una familia de la pequeña nobleza, al igual que muchos de los líderes del Tercer Mundo. Gracias a la posición privilegiada de la familia, Sukarno pudo estudiar en las instituciones de enseñanza europeas de su propio país, pero también heredó el ferviente patriotismo de su padre. Tras concluir sus estudios en ingeniería, Sukarno empezó a publicar “Indonesia Muda” (la joven Indonesia), la revista del Club de Estudios de Bandung. Y en esta revista es donde publicó por primera vez la idea de un frente unido formado por todos los países que habían sufrido el colonialismo. En Indonesia, los marxistas, los islamistas y los nacionalistas eran los principales opositores al dominio holandés y Sukarno sostenía que los tres grupos debían considerar al nacionalismo como eje de su programa político. Más o menos en las mismas fechas en las que Sukarno proponía su idea (1926-1927), el Partido Comunista de Indonesia (PKI) impulsó un intento de golpe de estado que fracasó y fue seguida de una intensa represión contra sus miembros. Aprovechando la revuelta de masas engendrada por este acontecimiento, Sukarno y sus seguidores fundaron el Partido Nacional de Indonesia (PNI). Este partido se centraba en una ideología variada vertebrada sobre la actitud anticolonial y un nacionalismo difuso capaz de atraer a todas las clases sociales. Por ejemplo, la clase media se subió al carro del PNI ya que sus miembros se sentían humillados por los administrativos de la jerarquía colonial. A medida que el PNI se convirtió en el actor central de la libertad de Indonesia, los obreros y campesinos del país se fueron sumando al movimiento. Los jóvenes con estudios como Sukarno, fueron los responsables de encargarse de las labores organizativas del partido.
Irritados por las acciones de Sukarno, la administración holandesa lo arrestó en 1931 y lo mantuvo recluido hasta la invasión japonesa del archipiélago en 1942. Cuando los japoneses tomaron el poder, Sukarno colaboró con ellos, pero no como cómplice, sino aprovechando hasta la más mínima oportunidad para promover el nacionalismo entre los indonesios. El 17 de agosto de 1945, dos días después de la rendición japonesa, Sukarno proclamó la independencia de Indonesia, una medida que tardó en entrar en vigor ya que las tropas británicas invadieron la isla para restituir el poder holandés en la isla. A pesar de que la proclamación de independencia de Sukarno había sido una pura bravata, el pueblo indonesio lo respaldó y con el apoyo popular, la proclamación de Sukarno venció. El incendio de Bandung se realizó porque sus gentes se habían convencido de que por fin el colonialismo había acabado. En 1949, Indonesia obtuvo finalmente su libertad. Sin embargo, Sukarno, al igual que otros mandatarios del Tercer Mundo, se había levantado contra el poder colonial sin contar con un programa definido para el desarrollo social de su pueblo. Aunque Sukarno abogada por la libertad y la justicia, no estaba necesariamente a favor de una revolución general contra las viejas clases sociales (como la aristocracia terrateniente, los comerciantes u otras clases bien establecidas). De ahí nació la complicidad entre los holandeses y el PNI en el control y el castigo de la rebelión comunista en Maidum, acontecida poco antes de la independencia, y que se tradujo en la ejecución y encarcelamiento de muchísimos miembros del PKI (8.000 ejecuciones y 35.000 arrestos) y que tendría continuidad en la represión desatada por el gobierno contra dicho partido en 1951-1952. Lo que sí hizo Sukarno fue poner en práctica parte del programa político de los comunistas del PKI dedicando dinero a la educación y las industrias estatales. Los comunistas, por su parte, siguieron recabando miembros y, para 1965, ya contaban con más de 20 millones de adeptos. Ese año, con motivo de su última ceremonia del Día de la Independencia antes de que un golpe de estado respaldado por EE.UU. derrocara a Sukarno, el político afirmó lo siguiente: “Actualmente, estamos promoviendo un eje antiimperialista: el eje Yakarta-Phnom-Penh-Hanoi-Pekín-Pyongyang”. Al final, se había acercado más a los comunistas de lo que jamás hubiera llegado a imaginar.


Sukarno dando un discurso en la proclamación de independencia de Indonesia (Fuente: Firstpost)
Por desgracia, la unidad de los pueblos colonizados proclamada por Sukarno en Bandung, se fue difundiendo con el paso del tiempo. De los 29 Estados presentes en la conferencia, 6 habían cerrado acuerdos económico-militares con EE.UU. y Gran Bretaña. En 1954, Pakistán, Filipinas y Tailandia, se habían sumado a Nueva Zelanda, Australia, Francia, Gran Bretaña y EE.UU. para formar la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO o pacto de Manila), mientras que Irán, Irak, Pakistán y Turquía, habían formado junto a Gran Bretaña y EE.UU. la Organización del Tratado Central (pacto de Bagdad). Estas organizaciones eran análogas a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) pero para otras regiones del mundo, y si te preguntas qué hacían los países europeos y norteamericanos en ellas, tranquilo, yo me pregunto lo mismo. En Bandung, las delegaciones de Pakistán, Filipinas y Tailandia, se defendieron de las acusaciones de traición, aludiendo que los pactos protegían a las “naciones pequeñas y débiles” frente al comunismo interno e internacional. Ahora ya está más claro el papel de EE.UU. en semejantes organizaciones. Estos Estados favorables al Primer Mundo que habían acudido a Bandung, compartían, al menos, un elemento en común: estaban gobernados por burguesías nacionales débiles, que veían a los movimientos nacionales de masas militantes como un peligro para su legitimidad y poder. Para poder enfrentar estos movimientos, principalmente centrados en los partidos comunistas, los países de los pactos antes mencionados se ligaron a Estados Unidos para reprimir con violencia la insurgencia. El gobierno estadounidense garantizaría la protección de estos Estados, a cambio de la construcción de bases militares en sus tierras, así como la apertura de sus mercados a las empresas estadounidenses. De esta forma se creó la Pax americana, que como el periodista norteamericano I. F. Stone definió: “La pax americana es el internacionalismo de Standard Oil, Chase Manhattan y el Pentágono”. Sin embargo, las ayudas proporcionadas por el gobierno estadounidense no fueron más que migajas en comparación con el Plan Marshall que pretendía reconstruir la Europa de Posguerra.
Estos pactos entre algunos países asistentes a la Conferencia de Bandung y el Primer Mundo, generaron amplios debates con los países que habían optado por el no alineamiento con las grandes potencias del mundo bipolar. Pero en Bandung no solo hubo varios centros de opinión diferentes, sino también ausencias notables. Zonas enteras de África y Asia no habían sido invitadas a la conferencia, lo cual generó nuevas disputas en el seno de la reunión. Israel no fue invitada por su estrecha deuda con los países coloniales; Mongolia, por su estrecha relación con Moscú y la URSS; y Sudáfrica, debido al apartheid. “Yo no puedo ir allí, ¿por qué demonios iba a invitarles a ellos”, mencionó en la conferencia Kotelawala, perteneciente a la delegación de Sri Lanka (entonces Ceilán). Pero a pesar de las ausencias de muchos de estos países, por no hablar de que ningún país de América Latina fue invitado, en la Conferencia de Bandung se lograron varias cosas: se hizo patente el rechazo de los países colonizados a aceptar órdenes de sus antiguos amos coloniales, se demostró su capacidad para debatir problemas internacionales y ofrecer notas conjuntas sobre estos, pero, sobre todo, se demostró que dos tercios de la humanidad no estaban a favor de la lucha fratricida que supuso la Guerra Fría. Además, en Bandung también se creó el grupo afro-asiático (posteriormente grupo afro-asiático-latinoamericano) en las Naciones Unidas, que tuvo gran influencia a la hora de persuadir a los países de los dos primeros mundos (en especial a EE.UU.) de la necesidad de un alto el fuego en la Guerra de Corea. “Creemos que nuestra gran organización, la de las Naciones Unidas, ha cobrado fuerza con Bandung. Eso significa, a su vez, que Asia y África deben ejercer un papel cada vez más destacado en la conducción y el destino de la organización mundial." Comentó el presidente indio Nehru en una asamblea de la ONU. Este bloque también consiguió la entrada en la ONU de otras naciones colonizadas como Libia y Vietnam, que por entonces tenían vetada su entrada en la organización. Con el tiempo, la creación de este bloque dentro de la propia ONU acabaría siendo el logro más importante surgido de Bandung, sobre todo, porque dicho bloque se erigiría (junto al bloque socialista) en el gran baluarte contra el “imperialismo del dólar” y serviría de modelo alternativo de desarrollo.
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